La noche de la Usina

Leí el libro de La noche la Usina (Premio Alfaguara de novela 2016) sin conocer ni haber escuchado antes el nombre del autor, Eduardo Sacheri . Lo hice con la inercia de que meses atrás leí la obra ganadora de la edición anterior del Premio, Contigo en la distancia, de Carla Guelfenbein. Me gustó tanto que me propuse leer cada año la obra ganadora. Así que sin pensarlo dos veces, en la primer oportunidad que tuve (después de leer varios libros que mantenía en lista de espera), lo compré. Comencé a leerlo el fin de semana siguiente, dos días después de su compra.

Al principio me costó un poco de trabajo engancharme con la lectura. Me distrae el acento de los argentinos. Además, como sabrás si disfrutas de la lectura, es imposible no leer los diálogos imitando, en lo posible, el acento. Algo parecido me sucede cuando leo libros cuyas historias se desarrollan en España. En fin, vuelvo al tema.

Tal como lo esperé, la historia me atrapó. A tal grado que terminé de leerlo en exactamente una semana. Deben de haber sido  cuatro o cinco sesiones de lectura. Largas, muy largas, por cierto. De verdad que no quería separarme del libro. ¡Lo juro!

Y cómo no hacerlo con sendos personajes, tan vivos y tan humanos. Era como si los conocía de tiempo atrás. Tal vez porque desde pequeño comulgué con el terreno de lo rural y de sus habitantes; solía acompañar a mi abuelo a su rancho, cercano a la costa del Pacífico, alrededor de pequeños pueblos que con el tiempo su población ha disminuido. Y ya que La noche de la Usina se desarrolla así, en la provincia de Buenos Aires, en la que aquel que aspira a una mejor vida migra a la gran ciudad, pues me resultó fácil envolverme en su atmósfera e identificarme con sus personajes.

En fin, los protagonistas resultan ser un grupo bastante diverso en cuanto a todo. Esto genera situaciones que el escritor describe con maestría: siempre con sencillez y precisión.

Además, en lo personal, me emociona cuando surge algo relacionado a la arquitectura en los libros que leo. Y La Noche de la Usina no es la excepción. Entre los protagonistas hay un chaval, estudiante de arquitectura, que divide su angustia entre el conflicto central de la historia y el cierre del semestre en la gran ciudad. Así, el autor relata cómo Rodrigo se agobia constantemente por dividir su tiempo entre la hazaña, casi épica que emprende el grupo, y el estudio de materias tales como Instalaciones e Historia del Arte.  Por cierto, durante mis estudios universitarios sufrí mucho con la materia de Instalaciones.

Pero volviendo a la trama de la historia, hay una objetivo que amalgama a este peculiar y pintoresco grupo. Este consiste en invertir el dinero, mucho o poco, según sea el caso, para emprender un negocio agrícola. Juntan lo más posible y, en efecto, resulta insuficiente. No hay otra opción más que solicitar un préstamo al banco. Se los conceden. Pero a partir de ahí todo se va al carajo. No diré más para no estropear la lectura de quien decida aventurarse en las páginas de La noche de la Usina.

Así, la trama se sostiene en el desarrollo de la aventura que emprenden este grupo sin fortuna aparente por recuperar lo que les pertenece. Ni un peso más, ni un peso menos. O en este caso, dólares. Vaya cosa, ¿no?

De manera general, y en relación con mis aspiraciones de algún día escribir una novela, me gustó mucho la manera en la que están construidos los personajes. A pesar de que las descripciones físicas son limitadas, es fácil crearse una imagen de ellos a partir de los diálogos y de sus acciones. Hay pequeñas acotaciones para que el lector construya la imagen del personaje; por ejemplo, la calva de uno, lo regordete del otro, y cosas por el estilo.

Algo que me llamó mucho la atención es el manejo del transcurso del tiempo. Es decir, la historia se desarrolla a lo largo de varios meses. El autor pasa de un mes a otro en cuestión de páginas o capítulos y con revela sólo información que aporta valor a la historia. Nada de paja ni de elucubraciones personales. Esto lo agradezco. ¡Mucho! Por cierto, hablando de los capítulos, algo me que me gustó y que me facilitó la lectura, fue su brevedad. Son cortos. Esto me gusta. Aunque siempre está el problema de que por las noches uno termina repitiéndose cosas como; ‘un capítulo más’, ‘este y ya’ u ‘otro más, al cabo son cortos’…

Para concluir no me queda más que recomendar, total y absolutamente, La noche de la Usina. Es un libro brutal, con personajes y situaciones muy humanas que oscilan entre la justicia y la venganza, el compañerismo, la honestidad y la perseverancia. La historia, si la vemos de una manera más profunda, resulta inspiradora para todos aquellos emprendedores que se aferran a un sueño y, principalmente, a reconocer el valor del trabajo en equipo.

Si buscas un libro para acompañar estas tardes de verano, te recomiendo leer La Noche de la Usina, de Eduardo Sacheri.

¡Hasta pronto! 

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