La arquitectura y mis manos

sentir la arquitectura 2

Los espacios producen en nosotros diferentes sensaciones y emociones a partir de las dimensiones, los colores, los sonidos y las texturas que reúnen. La conjugación de estos elementos generan una atmósfera que puede resultar propicia para cuestiones relacionadas a la concentración, la productividad laboral, la convivencia social y, por qué no, también para la introspección, la reflexión, la contemplación y, en casos excepcionales, para experimentar y sentir la arquitectura.

En este sentido, considero que la trascendencia de las texturas en la configuración de nuestras experiencias en el espacio no emerge de la naturaleza de las mismas, sino de nuestra interacción con ellas. Es decir, para concretar la experiencia de la arquitectura es preciso, además de contemplar las texturas, sentirlas, palparlas y comprenderlas a través de nuestro sentido del tacto, pues es a través de nuestras manos que reconocemos el espacio y que reconocemos nuestro lugar en este y en el mundo que nos rodea.

Para profundizar en esta idea basta con observar las expresiones corporales de un bebé. Y esto lo señalo por experiencia propia, ya que como padre debutante doy testimonio del asombro que manifiesta Gabriel, mi pequeño de siete meses de nacido, al acariciar mi rostro o el de su madre cuando estamos cerca de él. En ocasiones nos tendemos sobre la hierba del jardín y él desliza sus manos sobre esta. La arranca y la sostiene entre sus dedos. La observa. La explora. Tal vez la reconoce y crea asociaciones en su memoria. Tal vez durante los próximos años su capacidad de asombro y el deleite de la experiencia disminuirán, o tal vez no.

Más allá de mi experiencia personal, lo que me permite pensar que estas condiciones de asombro y de gozo permanecerán son los resultados que obtuve del proceso de investigación relacionado con las experiencias de las personas en los parques, y que llevé a cabo como parte de mis estudios de posgrado. Y es que algunas de las personas que entrevisté —y con las que comparto la visión— manifestaron que las razones por las que disfrutamos con mayor intensidad de nuestra estancia en los parques se reducen a la posibilidad de tocar y de sentir la corteza de los árboles, las hojas de las plantas que delimitan los senderos y la hierba sobre la que nos tumbamos.

Podríamos pensar que esta condición se limita a elementos del paisaje vegetal, pero me parece que es posible trasladarla a elementos de naturaleza inerte. Por esto considero que tal experiencia emerge, también, mientras caminamos por las calles de nuestras ciudades o recorremos el interior de un espacio construido.

Recuerdo que durante mi estancia en Barcelona, una de las cosas que más disfruté fue visitar las catedrales góticas y deambular por los callejones de los barrios antiguos, mientras recorría con mis ojos y con mis manos sus muros de piedra. Las texturas podían ser suaves o ásperas, aunque generalmente frescas. Pero más allá de esto podía sentir que estas resguardaban fragmentos de la historia de la ciudad, de su sociedad y de su cultura, así como los ideales y las intenciones de quienes estuvieron detrás de su construcción. Así, me convenzo cada vez más de la trascendencia del tacto en la experiencia de la arquitectura, y en la consecuente transformación que esto genera en nuestras propias historias de vida. Por lo que bajo esta consideración, no dudo que la arquitectura transforma nuestra manera de ver y de reconocernos en nuestro mundo.

Concluyo con que la arquitectura no debe responder sólo a la vista, sino que debe embriagar el resto de nuestros sentidos. Me parece, entonces, que la arquitectura tiene un compromiso existencial con nuestra dimensión sensorial y, principalmente, con nuestra capacidad de sentir a través de nuestro cuerpo. Y es oportuno agradecer a quienes han preocupado y se preocupan por asumirlo.

Fotografía: Alexander Lam

 

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2 comentarios en “La arquitectura y mis manos

  1. De acuerdo! Soy fanática de la arquitectura. Aunque no soy una “entendida” del tema, lo que me hace sentir el contemplar ( y tocar y sentir su clima fresco) una construcción como el teatro Degollado o el hospicio Cabañas en Guadalajara, o alguna de las muchas calles que todavia tienen casonas viejas, no se compara con nada. Genialidades que me parecen testigos del tiempo, expresiones de la mejor parte del ser humano.

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    1. Qué hermosa reflexión, Maribel. Creo que la esencia de la arquitectura radica en eso que comentas; en su capacidad de despertar sentimientos y emociones en las personas. Gracias por tu visita ¡SALUDOS!

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