19/31 Si has leído esto me debes un abrazo

 

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Hace algunos años vi un vídeo en el que aparecía un sujeto, de apariencia muy al estilo de  John Lennon, que sostenía una cartulina por encima de su cabeza. En el letrero se leían dos palabras en letras negras: FREE HUGHS. ¿Lo has visto? Si no lo has hecho te lo recomiendo, es muy emotivo y creo que deja mucho en qué pensar.

El asunto es que hoy, catorce de febrero, mientras caminaba por los pasillos del centro comercial me encontré con un chico de unos 17 o 19 años de edad con un letrero que decía: SI HAS LEÍDO ESTO ME DEBES UN ABRAZO.

Antes de acercarme a él noté que muchas personas pasaban a su lado y desviaban la mirada una vez que leían el letrero que sostenía a la altura de su pecho. El chico seguía buscando entre las miradas una confirmación para intercambiar un abrazo.

Me dirigí hacia él y nos abrazamos. Detrás de mi llegó mi esposa, que amamantaba a nuestro hijo, y también intercambiaron un abrazo. El chico me miró a los ojos, me dio las gracias y me deseó que pasara un buen día. Le devolví el agradecimiento y seguí mi camino.

No sé cuál sea la reacción que se produce en nuestro cuerpo al recibir un abrazo, pero intuyo que algo debe de suceder a nivel celular. Sea como sea, me parece lindo recibir un abrazo de un desconocido. En especial si no es un abrazo de esos al más puro estilo de los políticos.  Esos me parecen fríos y distantes. No me gustan las palmadas en la espalda durante los abrazos. Prefiero ejercer una suave presión en la espalda de la otra persona con las palmas de mis manos abiertas y extendidas. Por supuesto me gusta recibirlos de la misma manera.

Algunas personas podrían pensar que el chico con el cartel está necesitado de cariño o de un abrazo. Esto habría que analizarlo detenidamente. Yo pienso que en realidad, al menos en el caso de este chico, es tanto el cariño y la ternura que rebosa en su corazón que no teme de compartirlo con otras personas. Ojo, mis hermanos, si la oferta de un abrazo se cruza en tu camino, puede ser un llamado para bajar la guardia y deshacerte de la rigidez en algún aspecto de tu vida.

Con respecto a esta tipo de ofertas y de lanzamientos de abrazos gratis me he topado con opiniones que consideran que a estos promotores de afecto les falta un tornillo en la cabeza, o que de plano se les agotó la originalidad y replican lo visto en otras ciudades de primer mundo.

Un abrazo es una expresión universal de afecto. Así que, ¿Por qué no hacerlo? ¿Por qué no poner atención en lo que sucede  a nuestro alrededor y replicar aquello que nos sensibiliza y honra nuestra cualidad de seres emocionales?

Intercambiar un abrazo con un desconocido que lo pide a través de un cartel nos podría ayudar a erradicar esa condición de mixofobia urbana de la que habla sociólogo Zygmunt Bauman, y que nos induce a guardar distancia, a evadir y a temer al ‘otro‘, a aquel que nos resulta por completo extraño.

El intercambio de un abrazo con un desconocido, sin esperar nada a cambio más que la simple satisfacción de hacerlo, es una oportunidad de oro para recordar lo que nos hace humanos y para dejar en claro nuestra capacidad de transmitir afecto sin pronunciar palabra alguna. Un abrazo con un desconocido nos permite recordar que, a pesar de las diferencias en cuanto al estuche, estamos forjados con el mismo barro e impulsados por el mismo aliento que da la vida.

Para concluir sólo me resta recordarte que si has leído esto me debes un abrazo. Que tengas un excelente día.

Fotografía: Caleb George
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