18/31 Las últimas horas y los hombres de la mesa de al lado

18

Hace un mes presenté la lectura de tesis frente al tribunal. Los días siguientes me volqué a intentar solventar las observaciones que me hicieron y a afinar algunos puntos del documento que no me convencían del todo.

Las mañanas las dediqué a revisar los trabajos de obra del proyecto que estoy construyendo. Por una razón u otra los pendientes se extendían y regresaba a casa con el sol del medio día sobre mi cabeza. Confieso que no me desvelé mucho por las noches pero intuía que las últimas horas previas a la entrega serían terroríficas.

Esta es la historia breve de esas horas.

El jueves me senté frente a la computadora desde el medio día. Por la noche bajé a cenar con mi esposa. Lo hice no porque tuviera hambre, sino porque sabía que sería el último buen alimento antes de concluir el documento. Preparé café a pesar de que suelo evitar tomarlo por las noches.

A las doce de la noche tomé un baño. Sentí un segundo respiro de frescura en mi cabeza y me encerré otra vez en el estudio.

A las dos de la mañana cerré el archivo, apagué la computadora y me acosté en la cama. Cerré los ojos pero no pude dormir. Me levanté, baje por las escaleras y preparé otro café. Volví al trabajo.

A las cinco de la mañana llamé al servicio de taxi y, una hora después, abordé el autobús y salí con rumbo hacia Guadalajara. Dormí las dos horas y media que dura el trayecto. Cuando llegué a mi destino eran casi las diez de la mañana.

Me encerré en un restaurante del centro con la determinación de no salir de ahí hasta concluir el documento. Ocupé una mesa de la esquina y noté que al lado había un grupo de hombres. Algunos de ellos tenían el pelo completamente blanco. En la calva de otros brillaba el reflejo de las lámparas del techo. Creo que yo perteneceré al grupo de estos últimos cuando tenga su edad. Sin darse cuenta, sus charlas me atraparon durante los minutos en que me tomaba un respiro y me alejaba del teclado.

Charlaban sobre la calidad de las plumas fuente. Uno de ellos quería venderle la suya al otro. El precio no le pareció razonable al posible comprador. El vendedor argumentó que había recibido mejores ofertas pero que las rechazó porque prefería que la pluma quedara entre sus amigos. Al parecer la venta no se llevó a cabo y el vendedor la devolvió al bolsillo de su chaleco.

También platicaron sobre un radio de onda corta en el que, según quien lo mostraba, había escuchado un discurso de Fidel Castro. El aparato maravilló al resto del grupo.

En otro de mis descansos noté que hablaban de la próxima visita del Papa a México y de sus inconformidades con respecto a la religión. De esto último debatieron, en ocasiones alzando la voz, sobre la veracidad en la historia de los diez mandamientos de Moisés,  el rol de los jesuitas en La Conquista y el poder político de los masones.

Yo volvía al trabajo después de escucharlos durante algunos minutos.

A las cinco de la tarde los hombres de la mesa de al lado ya no estaban. Tampoco la mesera que me había recibido a mi llegada. Noté también que el trabajo estaba terminado y que durante mi estancia visité el baño al menos seis veces y bebí un jugo de naranja ‘natural‘, tres cafés (desabridos, pero de cortesía) y dos refrescos de cola.

Caminé hacia la imprenta. Imprimí una versión del documento y al leerla advertí varios errores. Los corregí en ese momento y solicité la impresión de diez tomos.

Regresé a Tepic y a las doce de la noche ya estaba entre los brazos de mi mujer.

Las últimas hora de trabajo si que fueron de terror, como lo esperaba. Pero la charla de aquellos viejos las aligeraron un poco. Casi los siento como mis compañeros de trabajo de la última jornada. 

Hoy, que la presión de la entrega ha desaparecido, pienso en mis amigos y recuerdo cómo nuestras charlas saltaban de un tema a otro sin darnos cuenta. Me pregunto si algún día seremos como los hombres de la mesa de al lado. Espero que si.

Fotografía: Jeff Sheldon
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s