16/31 Todos somos narradores

16 narradores

El cierre de la maestría me ha costado más trabajo de lo que esperaba. Se supone que para estas horas ya debería estar revisando el documento y atendiendo pequeños detalles sobre las referencias bibliográficas, los índices de ilustraciones y asuntos de sintaxis que por el momento se convierten en un lujo poco permisible para mí. Al menos por esta noche.

Había planeado imprimir y empastar el día de mañana. No será así. Me enteré de que en Guadalajara puedo hacerlo en un lapso de cuatro horas. Con esto gano un día más de trabajo.

He tenido que hablar con mis clientes y regatearles un poco de paciencia.

En estos últimos días no estoy para nadie. Solo somos la tesis y yo. Al menos eso me digo por las mañanas, cuando me levanto de la cama. Pero conforme avanza la mañana me sorprendo revisando la obra, coordinando las entregas de material, pidiendo cotizaciones a mis proveedores, atendiendo asuntos fiscales y, por supuesto, trabajando en las conclusiones de la tesis.

El día de ayer decidí no asistir al taller de escritura creativa. Me lamenté un poco al advertir la hora en la que comenzaba la sesión y descubrirme aquí, sentado frente a la computadora, en un intento por sacarle el máximo provecho a los datos procesados. Un par de horas después me convencí de que valió la pena quedarme en casa.

Hay un mar de voces en mi cabeza. Son las voces de las ocho personas cuyos relatos analizo a profundidad. Antes de las charlas que sostuve con cada uno de ellos me parecía conocerlos de manera un tanto… ¿Superficial? Ahora, después de analizar sus relatos, siento que mi perspectiva de ellos ha cambiado drásticamente. Me he identificado con ellos en muchos aspectos relacionados con las experiencias en ‘La Loma‘.

Me sorprendió un poco que gran parte de las conclusiones de la tesis las escribí sin revisar el documento. Es como si las conclusiones estuvieran en mi cabeza desde hace tiempo. Incluso es como si tuvieran rostro; el rostro de cada uno de ‘los narradores‘.

Así los llamo. No me gusta referirme a ellos como los entrevistados. Aunque tal vez académicamente sería el término correcto.

Los narradores‘.

Ahora que lo pienso todos somos narradores en algún sentido. Narramos cuando aderezamos nuestras experiencias y las compartimos en la sobremesa familiar.

Narramos cuando articulamos una excusa detrás de la bocina del teléfono para librarnos de un compromiso que nos impide permanecer en casa y disfrutar de la soledad.

Somos narradores por excelencia. Cada uno a su propia manera. Pero narradores después de todo.

Basta con escuchar una conversación en la tienda de abarrotes de la esquina para descubrir las habilidades narrativas de cada persona. Lo mismo sucede en la fila del banco cuando dos conocidos se encuentran. Antier escuché cómo una persona le narraba a otra el partido de fútbol que jugó el fin de semana. Noté que en el campo era medio de contención y que esa había sido su posición desde la preparatoria. Después de avanzar unos lugares en la fila escuché decir a la otra persona que recién había conseguido aplazar el pago pendiente a uno de sus proveedores. Explicó cómo manejó la molestia de éste último y que le entregará treinta mil pesos en dos pagos.

Me voy a descansar. Aún me falta restarle las seis horas de sueño al plazo de entrega de la tesis.

Fotografía: Elijah Henderson

 

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