09/31 Por qué escribo

9 escribo

El día de hoy comenzó el taller de escritura en el que decidí participar a pesar de que tengo encima la fecha de entrega final de la tesis. Durante la sesión charlamos sobre varios de los hábitos y los retos que debe asumir un aspirante a escritor (ejem, yo).

Uno de los cuestionamientos que lanzó la tallerista (y que no fui capaz de dejar en el aula por esta noche) se reduce, así, con simplicidad y contundencia, a exponer la razón por la cual escribimos.

Sin sorpresa advertí ciertas similitudes en nuestras respuestas a pesar de los diversos perfiles de los que se compone nuestro grupo. Algunas de ellas tenían que ver con la satisfacción de compartir nuestras letras con otras personas, la creación de mundos a partir de nuestras propias reglas y el enriquecimiento personal que dejan los procesos de reflexión antes, durante y después de escribir. 

En este sentido me atrevo a responder que escribo no sólo por placer, sino porque a través de mis letras dejo un testimonio de la persona que soy en un momento específico de mi vida.

Así, al releer los poemas y las reflexiones que escribí a mis quince años reconozco la manera en que se ha transformado, hasta llegar al día de hoy, mi manera de ver la vida y de reconocerme a mí mismo.

Y es que me parece que cuando releo mis textos encuentro a aquella persona que me entrega su existencia y me ofrenda la posibilidad de vivir el momento presente.

Escribo porque mientras lo hago el resto del mundo desaparece y me quedo a solas conmigo mismo.

Escribo porque así traigo a la vida y materializo mis pensamientos, y esto no es otra cosa más que una expresión de nuestra capacidad de crear.

Escribo porque el proceso me permite explorar mis emociones, descubrir mis miedos y acallar mi ansiedad no sin antes llevarla hasta el límite.

Escribo porque me hace feliz.

Estas son algunas de las razones por las que escribo y por las que en este preciso momento ignoro que es la una de la madrugada y que se supone que debería de estar descansando.

Sin embargo, no quisiera despedirme sin compartir unas cuantas de las razones que exponen algunos reconocidos escritores y que se publicaron en 2011 en un artículo del diario El País. 

Umberto Eco confiesa que escribe por el simple hecho de que le gusta.

Ken Follet lo hace porque le apasiona y porque el proceso envuelve su intelecto y sus emociones y le permite comprender lo que sabe del mundo y del funcionamiento del ser humano.

Carlos Fuentes compara el cuestionamiento con la función vital de respirar. Así que considero que la respuesta es más que lógica.

Rosa Montero (de quien no he leído pero ante el hecho advertir su nombre por tercer día consecutivo considero su llamado) escribe porque le resulta imposible detener el torbellino de imágenes que cruzan por su cabeza y la necesidad de compartirlas. Escribe porque le permite sentirse eterna mientras lo hace.

Mario Vargas Llosa lo hace por placer y porque considera que la escritura complementa la lectura, que para él es la experiencia más enriquecedora que existe.

Estas y algunas más son las razones por las que escritores escriben y por las que nosotros, los aprendices, nos aferramos al camino con la convicción de no claudicar.

Día 9: Check.

Fotografía: Doug Robichaud
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