07/31 El tren de la malcasada

7 malcasada

El baño de agua helada de ayer me tumbó por completo. Me sentí muy mal un par de horas después de haberlo tomado y en un proceso de automedicación (casi obligatorio, sino es que sensato) activé el modo avión del teléfono móvil y me tumbé sobre la cama.

Aproveché que mi esposa y mi hijo salieron de casa y dediqué la tarde a la lectura.

Terminé de leer uno de los libros que adquirí en la pasada Feria Internacional del Libro, en Guadalajara; ‘El tren de la malcasada’ de José Luis Cárabes y publicado por Editorial Terracota.

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Es un libro relativamente corto y agradable de leer.

El autor tiñe sus letras de cierto humor pícaro y nos comparte la charla que sostienen los personajes a lo largo de su travesía a bordo del Tren Transiberiano.

Los personajes que dan vida a la historia son un hombre que viaja a un lejano país para sanar una herida de amor, y Valentina, una hermosa mujer de la región cuya curiosidad enriquece y lleva de un lado a otro la conversación.

— ¿Y a qué sabe el pan de muertos? —preguntó ella horrorizada.

— Te lo diré en la otra vida.

A través de las charlas que sostienen los personajes se desvelan anécdotas que interpreto como parte del bagaje cultural y existencial del escritor, y que con audacia invocan a grandes escritores como Poe, Verne, y Dostoyevski, y se contextualizan dentro del folclor de nuestro querido México.

“También conozco Baltimore. Fui a llevarle una botella de tequila a Edgar Allan Poe. Tras escribir su poema “El Cuervo” murió de borrachera vitalicia. Busqué su tumba en céntrico cementerio. Destapé la botella de Tequila Cuervo, me bebí un trago largo porque los termómetros habían descendido bajo cero, y vacié el contenido sobre su lápida.” 

En Whiskylucan Emilio fue a pedirle la camioneta a Luis, abarrotero y alcalde.

—¿Para qué la necesitas?

—Para ir a tirar una res a la barranca.

—Llévate también a mi chófer. Tú no manejas.

El chófer llegó en la noche despavorido.

—No había ninguna res. Fuimos a tirar a su hermano Juan. 

La verdad es que al principio me costó trabajo engancharme con la historia. Incluso lo metí en la congeladora durante el par de semanas que dediqué a leer un poco de ficción.

A los días de haberlo retomado le encontré el saborcito y terminé por disfrutar de su lectura. Incluso confieso que en más de una ocasión me arrebató una carcajada mientras lo leía por las noches antes de dormir.

El final me encantó. Lo considero un reflejo de la ironía de la vida y de nuestra naturaleza humana. Pero no te preocupes. No diré más, puedes continuar leyendo con tranquilidad. No pienso desvelarte el desenlace por si es que llega a tus manos y decides leerlo. Si es así, me gustaría conocer tus impresiones.

El tren de la malcasada me parece un libro adecuado para despejar la mente y reconocer la picardía que nos caracteriza como mexicanos, y que en ocasiones, sin darnos cuenta, se expresa en el recuento de las anécdotas y las charlas que endulzan la sobremesa familiar o, por qué negarlo, también nuestros velorios.

Día 7: Check.

Fotografía: Matthew Bedfort

 

 

 

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