06/31 El baño de agua helada ¿elección o condena?

baño de agua fría 1a

El día de hoy comenzó mal. Al menos eso pensé hasta el momento en que me vestí después de tomar un baño de agua helada. Espera, tal vez helada no es el término adecuado, lo correcto sería decir a temperatura ambiente. Aunque de igual manera el ambiente está heladísimo en estos días.

Y no, no retomé la enseñanza yóguica que recomienda el baño con agua helada para mantenerse joven o para facilitar la transición de este mundo; en otras palabras, para perderle el miedo a la muerte. No, me gustaría decir que fue por eso, pero la realidad es que al parecer la válvula que regula el flujo de gas a la tubería de cobre está obstruida.

En fin, el día parecía haber comenzado mal. Llegué tarde a la reunión que programé con un compañero de trabajo y cuando llegué ya se había ido. Intenté justificarme a mí mismo con el hecho de que el retraso fue de veinte minutos. Pero admito que suelo ser un tanto impuntual y que es algo que debo resolver.

Esto cambió por completo mis planes para la mañana. Ya no pude avanzar en lo que tenía previste y regresé a casa. El gas no bajó. Tenía la esperanza de que ocurriera un milagro por la noche… No ocurrió. Al menos no de la manera que esperaba.

Paseé con mi hijo por los jardines del coto para demorar un poco el regaderazo y acumular un poco del calorcito del sol para el momento decisivo.

Llegó el momento en que ya no debía postergar más el asunto. Entré a la casa. Me desvestí, abrí la llave caliente (ya sé, no hay agua caliente, pero… tal vez salga menos helada ¡Ajá) y me metí bajo el chorro de agua.

¡AAAAAAAAAH! El agua sí que estaba helada (me pregunto cómo sobrellevé aquel año en que acostumbraba bañarme así).

Pasó lo que esperaba. Después del baño sentí mi cuerpo más relajado. Incluso en este momento no percibo el frío que suelo sentir en el estudio de casa a estas horas.

El baño de agua helada templa el cuerpo y, según cuentan las enseñanzas yóguicas y temazcaleras, también el espíritu. Creo que más que otra cosa esta experiencia es un recordatorio de que no siempre tenemos el control de lo que sucede a nuestro alrededor, pero siempre tenemos el poder de elegir lo que haremos ante las circunstancias que se nos presentan en la vida.

Solo hay agua helada, ¿te bañas o no? Es tu decisión; simple, pero tuya  (a menos que seas un niño y tu madre te obligue a bañarte). Yo elegí el baño, y si lo has vivido sabrás que una vez dentro ya no resulta tan dramático.

El día parece haber cambiado por completo.

Definitivamente puedo sobrevivir sin usar el calentador para la regadera. Aunque la realidad de las cosas es que prefiero siempre un baño de agua caliente. Si, no importa que se me arruge la piel o envejezca más pronto. Tal vez ya debería instalar un calentador solar.

Día 6: Check.

Fotografía: Steven Lewis

 

 

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