Nocturno

Cuando me entra la curiosidad reviso mis apuntes y me doy cuenta que la mayoría de las veces escribo alrededor de la media noche. Tal vez algunos minutos antes, pero generalmente después. Es como si cada noche se celebrara una fiesta en mi cabeza y cualquier idea, por estúpida que parezca, es invitada de honor. Siempre ha sido así. Al menos desde que tengo memoria.

Crecí en casa de mis abuelos. La jornada terminaba casi siempre a altas horas de la noche. A veces todos coincidíamos para cenar minutos después de las once, ya que se cerraban los negocios.

Mi madre siempre se esforzó por enviarme a la cama a tempranas horas de la noche. Creo que sus esfuerzos fracasaron una, y otra, y otra vez. Recuerdo que en una ocasión, mientras cursaba la primaria, le hicieron llegar una especie de bitácora en la que ella tenía que llenar algunos campos con mis horarios de estudio, de esparcimiento y de sueño.  ¡Vaya que esto resultó ser todo un problema! Mi madre se dio cuenta de que en cuestión de horarios yo era un ‘reverendo desmadre’.

Una vez más mi madre se esforzó porque yo estuviera en cama a más tardar a las diez de la noche. Ay, mi madre, reconozco que su intención era buena, pero… en mi familia eso resultaba prácticamente imposible. Y no es que fuera un rebelde o un insensible hacia sus preocupaciones por el hecho de que yo no acumulara más que seis  horas de sueño en las ‘noches de escuela’, pero las canciones de los dibujos animados que invitaban a los niños a irse a descansar no significaban nada para mí más que un momento en que debía guardar silencio e intentar pasar desapercibido y evitar así la condena de la cama a tempranas horas de la noche.

Sigo desvelándome. Ahora es mi esposa la que en alguna ocasión me insiste en que me duerma temprano. Algunas noches lo he hecho. ¡Qué extraño! En este momento de mi vida son las noches de los viernes y de los sábados aquellas en las que más temprano me duermo. Quisiera poder hacer lo mismo entre semana… No, la verdad no quiero. Soy nocturno, al igual que la mayoría de los miembros de mi familia de sangre. Nuestra cabecita sigue dando vueltas y vueltas cuando la mayoría de nuestros conocidos duermen.

¿En cuestión de horarios? Creo que sigo siendo un ‘reverendo desmadre’ tal y como sentenció mi madre hace más de veinte años. Tengo un fuerte problema con los horarios, pero de eso hablaré en otra publicación. O tal vez no.

Foto por Paul Garaizar
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